El Índice de Concientización de Fundación Instituto Natura y Avon, revela que 9 de cada 10 mujeres han experimentado al menos una situación de violencia a lo largo de su vida.
Solo el 15% de la población alcanza niveles altos de concientización sobre las violencias que afectan a mujeres y niñas.
Ciudad de México, 10 de junio de 2026. – Cada cuatro años, el mundo se detiene. Las calles se llenan de banderas, las familias se reúnen frente al televisor y los estadios se convierten en el corazón de una celebración que cruza fronteras, y en ese mismo momento en que millones de personas celebran, hay mujeres y niñas que enfrentan en silencio una realidad muy diferente entre las paredes de su hogar.
La violencia contra las mujeres no nació con el fútbol. No es el partido el que la genera, es la violencia de género que es un problema estructural, profundamente enraizado en desigualdades históricas, en relaciones de poder que se construyen durante años y en dinámicas que con frecuencia permanecen invisibles para quienes las rodean. Lo que los grandes eventos deportivos pueden hacer es amplificar factores de riesgo que ya existen: el consumo excesivo de alcohol, la tensión emocional, el aislamiento y la precariedad de las redes de apoyo.
Según ONU Mujeres, durante grandes eventos deportivos las llamadas a líneas de emergencia por violencia familiar pueden aumentar hasta un 30 por ciento. En México, al corte de abril de 2026, se habían registrado más de 87 mil casos de violencia familiar, y dos de las tres ciudades mexicanas sede del torneo se encuentran entre las entidades con mayor incidencia de este delito. No son solo cifras: son hogares, son historias, son mujeres que durante el mes de junio tal vez no podrán salir a celebrar.
La violencia doméstica tampoco elige edades. En 2024, 17,838 niñas y adolescentes fueron atendidas en hospitales mexicanos por violencia familiar, según cifras oficiales. Son niñas que crecen en entornos donde la violencia se normaliza, donde los gritos o los golpes se convierten en parte del paisaje cotidiano.
Durante Rusia 2018, cuando la selección mexicana participó en el torneo, UNICEF documentó que las transacciones de alcohol aumentaron un 35 por ciento en los días de partido. La Red Nacional de Refugios ha advertido que estos contextos pueden relacionarse con un incremento en las agresiones dentro de los hogares, así como con violencia sexual y acoso.
En ese sentido, Fundación Instituto Natura México y Avon, organización que trabaja para contribuir a la erradicación de la violencia de género a través de la prevención, la generación de conocimiento y la concientización social, destaca la importancia de seguir visibilizando una problemática que con frecuencia permanece oculta.
Los resultados de su Índice de Concientización reflejan los desafíos que aún enfrenta el país: solo el 15% de la población alcanza niveles altos de concientización sobre las violencias que afectan a mujeres y niñas; el 65% considera que las mujeres no denuncian por miedo; y 3 de cada 10 personas no conocen ninguna ley de protección dirigida a mujeres y niñas. Estos hallazgos evidencian la necesidad de fortalecer la información, la prevención y las redes de apoyo.
En este contexto, el fútbol puede convertirse también en una oportunidad para reflexionar sobre aquello que ocurre fuera de la cancha. No se trata de cuestionar la celebración, sino de promover entornos donde todas las personas puedan vivir estos momentos desde la seguridad, la tranquilidad y el respeto que merecen.
Contar con información y redes de apoyo puede marcar una diferencia significativa para quienes enfrentan situaciones de violencia. Por ello, es importante mantenerse atentos a señales de riesgo, conocer las rutas de atención disponibles y acompañar a quienes puedan necesitar ayuda.
Líneas de atención y acompañamiento:
• 079, opción 1 – Línea nacional Bienestar para las Mujeres
• *765 – Línea de apoyo, orientación y protección inmediata para mujeres en la Ciudad de México
En caso de una situación de emergencia o riesgo para la vida, llamar inmediatamente al 911.
Porque ninguna celebración debería traducirse en miedo. El verdadero triunfo ocurre cuando todas las personas pueden vivir, convivir y disfrutar en espacios seguros, respetuosos y libres de violencia.







