INVERSIONES EN RIESGO POR IMPACTO SOCIO AMBIENTAL: CIGAMX

Debida Diligencia Ambiental construye confianza entre las partes: José Carmelo Zavala

DDA vincula economía, cumplimiento legal y sustentabilidad: Luis G. Domínguez

Componente comunitario no puede desasociarse del medioambiental: Octavio Carvajal

Tijuana, B. C., a 18 de mayo de 2026.- Hoy más que nunca existen inversiones en riesgo por su impacto socio ambiental y una de las claves del éxito o fracaso de un proyecto es la Due Diligence Ambiental (DDA), una investigación que se realiza antes de concretar una inversión, compraventa o fusión, para identificar riesgos, pasivos ocultos y costos de remediación.

Así lo destacó José Carmelo Zavala Álvarez, director del Centro de Innovación y Gestión Ambiental México (CIGAMX), explicando que la también llamada Debida Diligencia Ambiental es una investigación exhaustiva para evaluar el estado de cumplimiento legal de, por ejemplo, un terreno o empresa, aportando información oportuna para una mejor toma de decisiones.

“Es una herramienta para la construcción de confianza entre las partes y actores involucrados en un proyecto de inversión, por lo que pone sobre la mesa los intereses legítimos de todos, económicos, políticos, sociales y jurídicos, para que puedan ser dirimidos en esta diversidad de opiniones y poder llegar a soluciones y a un proyecto exitoso”, explicó.

Entrevistado en el marco del Seminario Permanente para el Desarrollo Sustentable, que esta semana abordó el tema del Due Diligence Ambiental, el ingeniero bioquímico dijo que una de las cosas más espectaculares y una tarea pendiente es cómo los proyectos, las empresas y negocios aterrizan, llegan, se socializan, se adaptan, resuelven problemáticas y necesidades.

“Queremos impactos positivos en lo social, económico y ambiental, en un sentido amplio de progreso, porque el desarrollo sustentable obliga al equilibrio de crecimiento económico, medio ambiente y sociedad; por ello, el acompañamiento a los proyectos por parte de empresas consultoras, asesores y especialistas puede ser la diferencia entre su éxito o no”, opinó.

Qué hacemos, cuestionó, para que esto suceda, cómo nos comunicamos, cómo nos entendemos, cómo hacemos due diligence o la debida diligencia para que suceda con las prioridades, con las obligaciones, con las oportunidades, con los riesgos, porque cada vez los sistemas financieros consideran más los riesgos.

Cuántos proyectos gigantescos, añadió José Carmelo Zavala, inversiones gigantescas, hemos visto que no hacen bien su aterrizaje socioambiental, ya sea porque no le presupuestaron correctamente, porque no le pusieron el debido interés o porque la falta de información o socialización se volvió una fragilidad y no alcanzó a ser aceptado por una comunidad.

“Cuál es la comunidad que lo debe aceptar, cuál es el vecindario que lo debe aceptar, bueno, ello depende de la escala del proyecto, la escala puede ser de un impacto muy puntual, local, regional, nacional o mundial”, dijo Zavala Álvarez.

Tenemos, añadió, proyectos siempre en marcha, unos imaginados para el futuro y otros ya anunciados, pero el adelanto del proyecto debe ser buena estrategia de comunicación para semblantear cómo está el ambiente, cómo va a ser recibido el proyecto y qué focos rojos debe de considerar, porque la falta de información lleva a tomar decisiones incorrectas.

El maestro Luis Gerardo Domínguez, subdirector del CIGAMX, opinó que el concepto de due diligence ambiental no solo busca detectar incumplimientos, sino fortalecer la sustentabilidad, pero sobre todo la resiliencia de los proyectos, ya que, por ejemplo, la identificación temprana de pasivos ambientales puede evitar costos millonarios asociados a remediación y litigios.

En segundo lugar, afirmó, en sectores como la energía, manufactura e infraestructura, la evaluación ambiental previa es clave para reducir riesgos operativos y regulatorios a nivel internacional, de manera que el due dilligence ambiental se convierte en una herramienta fundamental para vincular desarrollo económico, cumplimiento normativo y sustentabilidad.

Esta semana, en la sesión 159 del Seminario Permanente para el Desarrollo Sustentable, organizado por la Concanaco-Servytur, el Programa LEAD del Colegio de México y el CIGAMX, participó como expositor invitado al maestro Octavio Manuel Carvajal Trillo, socio de la Práctica de Derecho Ambiental, Energía y Desarrollo Sustentable en HBL MAAT Advisory.

Al exponer el tema “Due Diligence Ambiental para proyectos nuevos y activos, alcances y relevancia”, indicó que esta herramienta ayuda a los inversionistas a estar bien informados antes de tomar una decisión, aclarando que la diferencia de este concepto con el término de auditoría ambiental, es que la auditoría se asocia más a procesos de autorregulación.

Es un proceso de investigación y análisis, explicó, con elementos que van desde lo técnico, lo legal y lo regulatorio, para poder identificar riesgos, verificar un estado de cumplimiento, anticipar pasivos y, por lo tanto, contingencias, así como obligaciones que tenemos que enfrentar, ya sea en la operatividad natural o porque se presenta una contingencia específica.

“Qué queremos que nos lleve a la bolsa una due diligence, primero puede ser la factibilidad de un proyecto que pensamos realizar, o bien, ampliar o modificar; o bien validar que el proyecto que estamos desarrollando o en el que vamos a invertir, que vamos a inclusive a vender, está en una situación de cumplimiento, o compliance, como se dice en el argot corporativo”, afirmó.

Que podamos, añadió Carvajal Trillo, medir cualquier elemento de riesgo que pudiera presentar en cualquiera de sus componentes y que la inversión que vayamos a hacer tenga una factibilidad, una capacidad de repago.

“¿A qué le aplicamos este proceso de investigación? Puede ser desde un inmueble muy puntual, a un proyecto en toda su gama, a una empresa y sus elementos, a los procesos de ésta, a productos específicos o en sí en generar una actividad económica en un sitio determinado y se va necesaria o primordialmente a reflejar en las necesidades que nos marca una posible adquisición, financiamiento o inversión en un proyecto o en una acción”, dijo.

En cuanto a lo que se debe entregar como parte del DDA, indicó que lo primero es un diagnóstico, que va a contener o bien un análisis de compliance o de factibilidad, además de que se van a reportar pasivos y riesgos asociados, financieros y no financieros.

“El due diligence no se queda en decir sí se entregó el reporte, sí está vigente la autorización, sino que cuando se advierten riesgos o pasivos tenemos que brincar a la parte financiera, es decir, cuánto te puede costar la situación en la que estás, cuánto te cuesta corregirla y cuánto te cuesta no hacer nada, que a veces es lo más caro”, comentó.

Adicionalmente, continuó explicando, vienen ya las propuestas de las medidas y el plan de remediación, la ruta crítica y sus costos, es decir, cuando ya advertimos que hay una situación de riesgo o de contingencia, les planteamos, señores, la ruta crítica para regresar al terreno de los buenos es de esta magnitud, es esta la hoja de marcha y estos son los costos esperados. Finalmente, sugirió siempre incluir a la comunidad y citó el ejemplo de un proyecto en el Estado de México, en donde el problema de disponibilidad de agua causó la resistencia social, ya que al tomar la decisión de establecerse en ese sitio no se contemplaron todos los riesgos.

“El medio social no lo podemos ya desasociar del medioambiental; si tú tienes una comunidad que tiene ahí un problema de agua y estás llegando a comprar un terreno para instalar una fábrica equis que requiere ciertos volúmenes de agua, si no concilias esto con la comunidad, se te van a venir encima y olvídate de lo que sea, te paran de facto el acceso a la fábrica”, dijo.

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