Desde Adentro

*  Por El Bofo

Semanario Balún Canán/TIJUANA. B.C.(SBC).– La retaron a presumir su visa… y cumplió. Celular en mano, Ross de fondo, hamburguesa como prueba reina y ticket en primer plano, casi casi con lupa. Misión cumplida. Pero aquí va la pregunta incómoda, la que no cabe en un live ni se paga en caja: ¿quién la va a retar a presumir qué ha hecho por Baja California en el Senado?

Porque ir a la Ross y al Jack in the Box, seamos serios, lo hace cualquiera con dos dedos de frente… y una visa vigente. Eso no es gestión, es turismo fronterizo con datos móviles. Lo que no vimos fue agenda, reuniones, resultados. ¿Una cita con el gobernador de California? ¿Una vuelta por Washington? ¿Algo que huela a diplomacia, a política exterior, a defensa de los bajacalifornianos del otro lado? Silencio. Puro eco entre los racks de descuentos.

Me gustó la pregunta de mi colega Ernesto Eslava, porque es quirúrgica: ¿a quién le presume la visa? ¿A la gobernadora? ¿A Aracely Brown? ¿A Jaime Cantón? Todos de Morena. Entonces, ¿para quién era el show? ¿Para quién el performance? Porque al electorado serio no se le conquista con tickets ni con selfies frente al aparador.

Aquí la visa no es el fondo, es el pretexto. La verdadera intención no era demostrar que puede cruzar, sino cruzarse al papel de víctima. Zopilotes, conspiraciones, pagos oscuros, ataques coordinados. El libreto completo. Así, ante los ojos del público, queda la mártir: “pobrecita senadora, la atacan porque es honesta”. Y no, no cuadra. Más bien asoma la inmadurez política, la necesidad de cobijo, el berrinche digital buscando aplauso y abrazo colectivo.

Incluso cabe la duda mal pensada, la que nadie quiere decir en voz alta: ¿y si nunca estuvo en riesgo la visa? ¿Y si el rumor fue sembrado justo para detonar el escándalo, para ocupar reflectores, para que los chayoteros de siempre hicieran lo suyo y el incendio mediático creciera como pólvora? Si así fue, no es ingenuidad: es cálculo. Y si ese es el método, imagínese el manual completo si algún día le toca gobernar.

Lo irónico es que ni siquiera necesitaría estos trucos. Todavía respira el impulso de la amlomanía, ese empujón que convirtió en ganadores a ratones, ratonas y zopilotes con solo portar el color guinda. Durante años bastó decir “soy de Morena” para que la gente votara en automático. Pero algo se está rompiendo. Ya no caminan tan seguros. Ya no sonríen con la misma arrogancia. Los errores pesan, la soberbia factura y la realidad alcanza.

La “virgen morena” ya no se ve tan divina. Se agrieta. Se desmorona. No por ataques externos, sino por lo que ocurre adentro: ambición, improvisación, simulación. Morena no se está cayendo por culpa de los de afuera. Se está consumiendo desde adentro. ¿O no?

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